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BICENTENARIO Y PUEBLO MAPUCHE

Bicentenario y pueblo mapuche ¿Todos estamos celebrando?Matías Valenzuela sscc Es necesario reconocer que muchas cosas nos mueven a la alegría y que todos tenemos derecho a celebrar. Nuestro país, a diferencia de otros países andinos, no es demasiado festivo, no salimos a la calle a bailar y compartir la alegría que nos traen los aniversarios, patrios o religiosos. Por lo que las oportunidades para ese regocijo no deben ser desaprovechadas. Pero esta fiesta que se nos avecina, no es de todos, es decir, no todos sienten que tengan motivos para incorporarse a ella. El caso más emblemático me parece que es el del pueblo mapuche, que ha ido siendo reconocido muy lentamente por el conjunto del país. Nuestros padres e incluso la generación a la que pertenezco (nacidos el ’73) no recibimos una formación que nos permitiera afirmar que Chile era un país pluricultural y que había en su interior habitantes que tenían idioma propio, raíces y cosmovisiones originarias. Los pueblos indígenas en Chile, desde el inicio de la vida republicana han sido invisibilizados. En el sentido de que se nos transmitió la imagen de un país homogéneo, con un tipo de habitante más o menos común a todos. Tanto fue así que muchas personas pertenecientes a estas etnias escondían su origen, cambiaban sus nombres, dejaban de usar su idioma y de expresar su cosmovisión a través de sus ritos. Fueron absorbidos por una cultura dominante, que los atomizó y los negó. A lo anterior se agrega que en nuestro país la generación de riqueza, en parte, ha sido a costa de tierras ancestrales de estos pueblos, dejando muchas comunidades mapuches en la pobreza, siendo la zona de la Araucanía una de las más pobres de Chile. Esta situación ha ido variando poco a poco en el último tiempo, sobre todo con las leyes que han favorecido la entrega de tierras y aquellas normas que han otorgado becas indígenas para financiar la vida y los estudios. Esto último ha impulsado a muchos a reconocer sus raíces dejando de esconder lo que les es más propio. Pero todavía queda mucho por hacer, dando efectivo cumplimiento al Convenio 169 de la OIT (“Sobre Pueblos Indígenas y Tribales en países independientes”), que hemos ratificado. Entre otras cosas habría que caminar seriamente hacia un reconocimiento constitucional, lo cual va a generar un debate sobre el estatuto jurídico de un pueblo que existe al interior de un estado nación, como lo es el nuestro, pero que no se identifica con el conjunto de la población. Nosotros no estamos acostumbrados a escucharlos, pero si uno pone atención al modo de expresarse de un mapuche, él hablará del “Estado Chileno” como un ente ajeno a su identidad, una institucionalidad que no le pertenece y que más bien lo ha desconocido. Un mapuche hablará sin pudor de “ustedes” refiriéndose en general a los “chilenos”, y a los que lo escuchemos nos provocará algo raro, porque diremos, “¡pero si nacimos en el mismo territorio!, ¡somos del mismo pueblo!”, pero parece que no es tan así. Nos falta escuchar más y poner más atención. Este camino ya ha sido iniciado. En muchas escuelas del sur de Chile se enseña la biculturalidad, o tri, si ustedes quieren. Los estudiantes de primero básico de esas escuelas aprenden mapudungún, castellano e inglés. Los hijos de muchos de los que lean esto, que hayan nacido en estos días tendrán que aprender a convivir con habitantes de su país que son de una cultura, de una raza y de un origen diferentes. Si no enseñamos la multiculturalidad desde ahora y con cariño, los estaremos enfrentando, desde ya, a luchas y conflictos. La vida nos lleva por derroteros inesperados, incalculables, que son un don y una tarea permanente. Sólo Dios sabe, en su misterio insondable qué es lo que espera y anhela de cada uno de nosotros. A mi me tocó la gracia de ir a Temuco en un reciente fin de semana (2-4 de septiembre), a un encuentro teológico sobre el pensamiento y el testimonio de nuestro hermano Ronaldo Muñoz sscc. Estando ahí tuve la oportunidad de ir a la cárcel de Temuco y conversar con uno de los comuneros mapuches en huelga de hambre, Sergio Catrilaf; estaba sereno, con una clara convicción de lo que estaban haciendo, me pareció lúcido, aunque débil físicamente por el tiempo transcurrido. Esperan un acuerdo con el gobierno y piensan que en el caso de ellos el uso de la ley antiterrorista es una discriminación, porque a otras personas que cometen los mismos delitos se les aplica la ley común. Pienso que tienen razón, no creo que sean terroristas y pienso que como país tenemos una deuda histórica con su pueblo que aún no ha sido zanjada y debemos asumirlo con gran seriedad y responsabilidad. Sergio me dijo: nosotros no tenemos nada que celebrar por el nacimiento de la república de Chile, porque fue ésta la que cometió los mayores atropellos con nosotros al desconocer los acuerdos que el pueblo mapuche había establecido con la corona española.Tenemos 32 mineros chilenos bajo tierra (el número 33 es un hermano boliviano) y 32 mapuches en huelga de hambre (que podrían aumentar), estamos haciendo todo lo posible por salvar la vida de los primeros, hagamos lo mismo con los segundos. Me consta que el obispo de Temuco, Manuel Camilo Vial, está activamente preocupado por ellos. Caminemos con consistencia hacia el diálogo y el reconocimiento, haciendo posible la construcción de un país de hermanos, un país donde asumiendo las diferencias podamos sentarnos a la mesa común, la mesa del Reino, la mesa de Jesús. Peucayal peñi lamgen (hasta pronto hermanos y hermanas).

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