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En cien años más

Por Javier Cárdenas Hurtado ss.cc., religioso y mapuche

“Así, sueño que la prioridad de la solución parta por los más frágiles: los niños y niñas mapuche, las comunidades empobrecidas y humilladas por siglos, con promesas incumplidas cada vez. Sin duda que se han quebrado las confianzas y es necesario comenzar de nuevo. Limpiándonos las heridas y volviéndonos a dar la mano y mirarnos de frente para soñar con un país más humano y fraterno como lo quiere Dios”.

Era un domingo en la tarde, y yo estaba sentado en la orilla del Lago Ranco después de haber celebrado una misa en una de las comunidades cercanas. Lago Ranco, se ha convertido en uno de los lugares más exclusivos de Chile. Es en este lugar donde recibo una llamada de la Machi Millaray, pidiendo que los visite urgente en su comunidad ya que estaban siendo desalojados en ese momento. La comunidad se había tomado un predio ya que, según el título de merced, les pertenece a ellos. Corto la llamada para informarme más de la situación y luego de unos minutos llamo a mi hermano Erwin, que es carabinero, para saber lo que pasaba. Lo llamo, y él me señala que es él quien está en el predio desalojando, junto a varios carabineros de fuerzas especiales. Mi hermano me dice que están llevando a cabo una orden judicial de desalojo.

Para poner más pelo en la sopa debo decir que soy descendiente de mapuche-huilliche, por parte de mi abuela paterna. Maripan Huitra, sus apellidos. Ella se los cambió al momento de realizar la inscripción en el registro civil por miedo a la enorme discriminación que existía y sigue existiendo, y ella decía que no quería que sus hijos pasen por lo mismo. Sus apellidos ahora serían Muñoz Muñoz, fue el primer apellido huinca que se le vino a la mente.

Quise comenzar con este ejemplo, para exponer lo que sucede hoy en las comunidades indígenas en nuestro país. Este “conflicto” tiene muchas vertientes y donde las aristas son muchas, se cruzan, o se oponen y la solución a lo que sucede en las comunidades no depende solo del gobierno de turno ni por ciertas posturas de algunos dirigentes indígenas.

Los involucrados en la solución son muchos: las mismas comunidades indígenas, el gobierno, carabineros, los colonos, las forestales, los municipios… somos muchos. Podríamos señalar que la solución pasa por un país entero. Pregunto: ¿cómo vamos confeccionando un país más inclusivo, más justo?

Con la muerte de Catrillanca, nadie gana, con la quema de escuelas nadie gana, la quema de jardines infantiles e iglesias nadie gana, con los desórdenes apoyando la causa mapuche nadie gana, con el abuso de poder por parte de carabineros nadie gana… y podría ser un gran etcétera.

Quizás una de las medidas a corto plazo deben ser la salida del comando jungla de la zona, es decir, la desmilitarización de la araucanía, la salida de las forestales de las tierras de las comunidades indígenas. La solución debe estar puesta en una mirada a largo plazo, de unos 100 años más. Donde estén involucrados desde las pequeñas comunidades hasta los que tienen mayor influencia en el país. Así, sueño que la prioridad de la solución parta por los más frágiles: los niños y niñas mapuche, las comunidades empobrecidas y humilladas por siglos, con promesas incumplidas cada vez. Sin duda que se han quebrado las confianzas y es necesario comenzar de nuevo. Limpiándonos las heridas y volviéndonos a dar la mano y mirarnos de frente para soñar con un país más humano y fraterno como lo quiere Dios.

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