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ESTATUA PARA JUAN PABLO II

Mucho más que un problema de urbanismo: ¿una estatua para Juan Pablo II? Por Gonzalo García-Campo [1] El problema, como lo aventura el título, puede ser discutido desde la perspectiva del diseño arquitectónico y urbanístico de la ciudad, debate central en el asunto, en el que los expertos seguramente tendrán algo que decir. Difícil pensar que un busto de más de siete metros de alto no suscite polémica alguna entre quienes se dedican a trabajar estos temas. Pero no es desde ese punto de vista el que queremos adoptar ahora. Nos pena, en este ámbito, la falta de conocimiento. [2] Es curioso que en un parque que por años ha llevado el nombre de uno de los primeros mártires de los universitarios chilenos, como el de José Domingo Gómez Rojas, muerto en 1920, vaya a ser reemplazado por el de un ex pontífice de la iglesia católica, a quien además se le levantará un monumento de inusitadas proporciones. Pareciera ser que el país se empeña en olvidar a sus propios testigos y mártires, y sustituirlos por aquellas imágenes que nos vienen de afuera, cuya relación con nuestra historia patria es apenas tangencial. Gómez Rojas representa las luchas de una generación de jóvenes chilenos que soñó con cambiar la cara al país cuando éste era objeto de tremendas injusticias, dominado por una élite oligárquica y conservadora. Al sueño de él y de tantos otros debemos los avances que en algunos aspectos nuestro país ha mostrado, aunque aún queden muchas cosas por hacer. Wotlyja representa, para muchos, la figura del “peregrino de la paz” (véase carta a El Mercurio del lector José Miguel Carafi el día 20 de septiembre) y es ello absolutamente legítimo y respetable. Para otros, la figura de uno de los papas más carismáticos que la iglesia ha tenido, es un loable acercamiento hacia numerosos no creyentes. Pero también representa uno de los tiempos más conservadores de la institución eclesial. En carne propia lo padecieron algunos de los más notables teólogos de la liberación, como Leonardo Boff, quienes sufrieron los seguidos embates de la “Congregación para la doctrina de la fe”, que guiada por el actual papa y entonces cardenal y mano derecha de Wotlyja, Joseph Ratzinger, fue sistemática en sus condenas a la teología latinoamericana, negándose al diálogo y la apertura. Inolvidable también es la llegada de Wotlyja a la Nicaragua Sandinista y su imagen, mundialmente divulgada, reprendiendo al sacerdote y poeta Ernesto Cardenal. Y es que en los esquemas del pontífice romano no cabía la posibilidad de que un ministro de la iglesia pudiera estar promoviendo una revolución como la Sandinista. Como inmediato contraste con esto, en una especie de antítesis, de reverso oculto, está el silencio permanente que tuvo el ex papa hacia las denuncias que se hicieron por los abusos sexuales llevados a cabo por el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, omitiendo cualquier referencia hacia ¡el abuso de menores! ¿Es esto más sano, legítimo, más propio de un consagrado, que participar en uno de los más genuinos proyectos de Revolución que ha conocido América Latina? ¿Y es que es condenable la actitud de Cardenal de querer avanzar hacia el diálogo entre cristianos y marxistas llevando hasta la radicalidad el mandamiento primero de amar al prójimo y es por contraste sano el silencio de la curia hacia uno de los abusos de poder más crueles del último tiempo? Al levantarse un busto de tamañas proporciones, parecen silenciarse todos estos aspectos de la vida del ex papa y de su manera de entender la relación existente entre la iglesia y el mundo. Pareciera que son aspectos cuya gravedad no consideramos, privilegiando sólo aquello que queremos ver. Mientras tanto, tantos testigos de nuestro país y nuestro continente siguen olvidados, esperando un reconocimiento que tal vez nunca llegará. En este tiempo de celebraciones y preguntas por nuestra identidad, no está demás preguntarnos por lo que debemos como país a personas como Clotario Blest, Luis Emilio Recabarren, Fernando Vives, y tantos otros, anónimos caminantes en la construcción de un mundo más humano y justo. Que ellos sean los protagonistas de nuestro espacio público. Que ellos nos congreguen y nos inviten a recordar y a soñar nuestro futuro.

[1] Estudiante de Derecho en la Universidad de Chile.

[2] El contexto de este comentario es el siguiente. Un grupo de personas, apoyadas por la Universidad San Sebastián, pretende situar una estatua de Juan Pablo II en la plaza ubicada al frente de la facultad de Derecho de la UCH, en la calle Pío Nono, entre las calles Bellavista y Santa María. Esta iniciativa está suscitando una creciente polémica entre diversos sectores.

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