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INFANCIA AGREDIDA

Derechos del niño/a… o derechos al morbo y al consumo Por Marco Calderón Rivera* Durante el último tiempo nos hemos visto impactados como sociedad civil con respecto a los cisarros, a los cejas, el garra, etc. y etc. Son niños que se han vistos involucrados en una serie de actos delictivos de connotación pública nacional. Quisiera que nos introdujéramos un poquito más mar adentro y no realizar un análisis y juicio superficial de la situación de estos niños/as. Quizás lo anterior lo podríamos realizar desde preguntas abiertas, como ¿por qué estos niños asaltan y no juegan a la pelota o se dedican a estudiar?, ¿por qué en vez de rasgar vestiduras, mejor damos respuestas a estas fracturas de la sociedad actual, ya que en definitiva estos niños son hijos de esta época societal?, ¿por qué de una vez por todas en vez de condenar a estos niños desde los gritos de “crucifíquenlos, crucifíquenlos…”, no nos ponemos a pensar y reflexionar en el porqué de las causas de dichas conductas sociales desviadas?, ¿y desde el anterior análisis realizamos y buscamos estrategias de acción desde lo cotidiano para la superación de estas problemáticas? Desde mi experiencia profesional, sé que el trabajo con infantes y adolescentes en situaciones de vulnerabilidad es un trabajo que abre surcos desde la cotidianeidad, entendiendo esta última desde las oportunidades–alegrías, como desde los fracasos–tristezas. Estos niños/as tienen muchas carencias afectivas, económicas, culturales, sociales…; además son arrojados a una existencia exitista y superficial donde el valor está puesto en el hacer y la marca de ropa, y donde no hay acento en el ser. Hemos construido una sociedad con grandes chocolates y dulces extremadamente apetecibles que se muestran día a día en las grandes vitrinas visuales (la televisión, Internet y los malls)… y donde estos ricos manjares no alcanzan para todos… Es desde esta violencia estructural y sistemática, donde a los cisarros, cejas y demás les dan ganas de “romper” con estas vitrinas y salir arrancando con estos apetecibles motines, y desde allí comérselos y darse un gusto existencial pasajero, efímero, transitorio. Creo–pienso que la estrategia no es buscar culpables (que la familia, que Sename, que la escuela y los profesores, etc.). Tampoco hay que ser “avestruz” (esconder la cabeza) y no cuestionar o criticar lo que se está haciendo mal… Lo que quiero proponer es que HOY estamos en una oportunidad para que TODOS/AS los actores involucrados en el trabajo con niños/as en general… (no solamente “los delincuentillos”, ya que hay algunos niños que “tienen todo desde lo material”, pero quizás les falte nutrirse de otras variables para un crecimiento armónico)… nos sentemos a dialogar y a proponer una agenda a corto y largo plazo para dar respuesta y concreta de inserción e inclusión integral para los niños que han cometido delitos; para aquellos que viven el flagelo de la droga, para aquellos que están en situación de abandono, etc. Sólo a modo de ejemplo si usted ingresa a la oferta de la red Sename, www.sename.cl, y se dirige al link superior izquierdo allí dirá Qué es Sename. Aquí aparece la oferta nacional. En la página 292, en la región metropolitana sólo hay dos programas residenciales especializados para inimputables, uno para mujeres y otro para varones. Inimputables son aquellos niños/as menores de 14 años que hayan cometido un delito, es decir, sólo hay dos programas especializados para este perfil de niños… Aquellos/as que se preguntan qué pasa con los niños/as mayores de 14 años y menores de 18 años que cometen delitos, la respuesta es que allí opera y rige la ley de responsabilidad penal juvenil. En resumen, para los cisarros, cejas, etc. y etc., sólo hay dos centros especializados dentro de la oferta del organismo vector y responsable de tutelar los derechos del niños… Las otras residencias son de Protección donde generalmente hay niños/as cuyas causales de ingreso a dichos centros son radicalmente opuestas a las vivenciadas por el cisarro y por tanto el eje de intervención es otro. Espero (emos) que esta sea la oportunidad para que se reformule la institucionalidad de las políticas públicas en torno al organismo que vigila, propone y ejecuta los diferentes programas de protección y cuidados de los niños/as adolescentes… Llegó el momento de cambiar, este es un sentir incluso de su propio director don Eugenio San Martín que aseveró en El Mercurio del 4 de agosto de 2009: “A 30 años de la creación del Sename es indispensable repensar la Institución (…). Chile necesita un nuevo sistema de gestión orientado a la calidad, a la excelencia de alta especialización (…). Las funciones que hoy tiene Sename seguirán siendo desempeñadas por otras organizaciones, no se elimina Sename», comentó San Martín. En hora buena… están dadas las condiciones para ponerse a dialogar y pensar JUNTOS/AS qué caminos de solución y qué proyecto de vida damos a los niños/as de nuestro país… Esto es una urgencia y pregunta que debemos hacernos como país… En definitiva, aquí se juega la vida del cómo y de qué forma queremos vivir como sociedad. A la vez me es preciso no ser iluso y no llevar a la ilusión a todos, ya que por muy excelentes que sean las políticas públicas en torno a la multiplicidad de variables que confluyen en el crecimiento de una persona, es esta última quien decide y opta el de qué forma quiere vivir, pero es una OBLIGACIÓN ética–moral que se construya un marco protector para todos los seres humanos, especialmente para los niños y jóvenes de nuestro país. Finalmente, quisiera ver en las noticias un espíritu constructor. Me genera sospecha el paso de una nota con imágenes y música terrorífica en torno a sectores populares periféricos, para luego dar paso a los costos de los regalos en los diferentes malls para “celebrar el día del niño/a”… ES AQUÍ donde se sitúa la paradoja que tenemos como sociedad, es en torno a estas imágenes que construimos la identidad colectiva e individual de las personas… Y volvemos al origen, ¿desde dónde queremos vivir, desde la cáscara o desde el corazón interno? Dejo abierta la pregunta.

* El autor es de profesión Trabajador Social.

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