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Movimientos Sociales, memoria ciudadana de un mundo en camino

Por Pedro Pablo Achondo M. ss.cc. Hablar de Movimientos Sociales (MS) es hablar de algo mucho más amplio que el movimiento estudiantil chileno; es aún una cuestión mucho más antigua y ambiciosa. Los MS buscan profundizar los procesos de democratización, inter-relacionar (y esto es importantísimo) las diversas organizaciones barriales, populares y sociales. Un MS es un articulador de las demandas y urgencias de los ciudadanos. Pero ¿acaso no es este papel del Estado? Justamente, por eso los MS surgen cuando el Estado y en concreto el Gobierno de turno no posee la capacidad (o simplemente no quiere) de acoger, escuchar y buscar soluciones a los problemas de la gente. Así, el MS surge como resistencia, y por ello como dador de identidad ciudadana; como demanda que camina a transformarse en propuesta. MS los hay para todos, el MST (de los sin tierra), PMSS (Mercosur social y solidario), organismos de DDHH, ONGs, CLOC-VC (Vía campesina de la Coordinadora latinoamericana de organización del campo), etcétera. Chile está lejos del camino andado por nuestros países hermanos de América Latina. Se escucha poco y por eso el Movimiento Estudiantil y su ampliación son una esperanza y alegría para muchos. La tendencia es clara a criminalizar los MS, eso ha pasado siempre y seguirá sucediendo, ya que una organización ciudadana con poder es una piedra en el zapato para los poderosos y su economía que controla la vida del país (cf. link). La economía globalizante y uniformizante calla cualquier alternativa local; censurando y castrando las posibilidades de verdadera pluralidad en la producción, comercialización, exportación y cultura. Los cristianos al creer y amar al Dios-humano Jesús aceptamos que Dios se revela realmente en la historia y que todo lo humano, como consecuencia, tiene que ver con Dios, todo nos habla de Dios (o de su ausencia). Por ello los MS son también voz del Espíritu que busca nuevos caminos de humanización y vida buena. Más aún si los MS son voz de los más pobres y marginados de nuestras urbes y países. Surgen –los MS– como lugar teológico para pensar nuestra fe, desde allí. La demanda de los MS es grande y utópica y por ello nos mueve a creer en este otro mundo posible (Forum Mundial Social), cuestionando territorios, fronteras, economías, organizaciones, políticas, instituciones, constituciones. Cada ciudadano es protagonista del futuro común y puede serlo más aún vehiculando sus (y nuestras) necesidades y urgencias a través de los MS. Para la Iglesia surge aquí un desafío, cuestionada también por tantos seguidores de Jesús que militan y luchan en los MS: democratizar sus estructuras, caminar en igualdad y tomar en serio aquello del Sensus Fidelium y Fidei y el Espíritu que se manifiesta en todo Bautizado. Sin embargo, sabemos también que la democracia nos queda corta y que la utopía del Reino apunta a la construcción de una “adelfocracia”, un Pueblo de Hermanos y Hermanas de manos dadas y corazón dispuesto. Los MS nos recuerdan que vivimos en sociedades segregadoras, excluyentes, productoras de pobres cada vez más pobres y de ricos adiestrados a la indiferencia. ¿Cómo alguien puede vivir tranquilo sabiendo que lo que le sobra, en dinero, bienes y oportunidades, le pertenece a otro? Nuestros tiempos –¡con pesar de algunos!– no están para acumular en cuentas bancarias. Que alguien bote la comida mientras a otro le falte el pan para vivir, es un pecado. Extrapole usted mismo esto para todos los ámbitos de su vida.

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