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NI UNA MENOS

* Por Daniela Fontecilla La semana pasada se concentraron más de 200 mil personas frente al Congreso de la Nación Argentina para decir: “Ni una menos”. Junto a ellos, más de 80 ciudades del país se unieron en plazas y avenidas bajo la misma consigna. Incluso el llamado cruzó fronteras y distancias. Organizaciones, familias, niños y niñas, jóvenes, adultos y ancianos bajo un mismo lema. Una marcha en contra de la violencia, la injusticia y la discriminación de género.


“Ni una menos” es la manera de exigir la implementación real de la Ley 26.485 de prevención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres. En Argentina cada 30 horas una mujer muere por femicidio y el presupuesto que el estado asigna al Consejo Nacional de Mujeres (órgano de aplicación de la ley) representa tan sólo el 0,004% del presupuesto nacional. Esto sin contar que los datos estadísticos no han sido actualizados desde hace varios años, lo que dificulta el diseño e implementación de políticas públicas sobre el tema.

Pero sobre el petitorio se vincularon otras motivaciones que congregaron a una enorme cantidad de gente que expresó un categórico rechazo ciudadano ante la violencia que día a día sufren las mujeres. No sólo vimos carteles con un # ni gente sacándose fotos para poner en las redes sociales. Era un encuentro con historias de mujeres violentadas, asesinadas, raptadas y/o secuestradas. Familias que exigían justicia frente al dolor por la pérdida de una hija, mamá, hermana o amiga. Entre los asistentes escuchamos relatos de mujeres que durante  años vivieron en silencio insultos y violencias, que fueron invisibilizadas e incluso justificadas por una sociedad machista y patriarcal.


Hoy decir “ni una menos” es hacer visible e intolerable las múltiples discriminaciones y violencias de todos los días: las que se disfrazan de chistes, las que se usan como publicidad, las que mantienen el status quo y el poder, las que quitan oportunidades, las que se hacen pasar por “amor”, las que rompen el autoestima, y las que dañan y quitan la vida.

Días como este son signos de esperanza en la construcción de una sociedad más igualitaria, humana y fraterna. No dejemos de evaluar nuestro propio lenguaje, prejuicios y formas de relacionarnos con otro/as. Pasa también por nosotros el que haya NI UNA MENOS.

* Psicóloga, vivió una experiencia de servicio en Libertad-Merlo (Buenos Aires).

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