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RECONSTRUCCIÓN EN CHILE

¿Re-construyendo Chile? Pedro Pablo Achondo sscc

Desde que nos azotó intempestivamente aquel ya viejo terremoto y maremoto del 27 de febrero, comenzó una carrera –así es, esa es la expresión- por ayudar y llevar soluciones rápidas a las familias más afectadas. Vimos un país organizado, es verdad. Un país dispuesto, ejemplo para muchos. Un país de logros, de desafíos y sobre todo, un país con corazón. Un país que se moviliza por los demás. Con toda la ambigüedad que estas empresas suponen. Vimos también un país con un corazón negro, endurecido, marcado por los asaltos y ataques, un país que requiere de militares para poner orden donde reina el caos. Visto esto cabe preguntarse: ¿Cómo vamos? ¿Cómo hemos ido trazando este desafiante camino? Hace ya varios años, tal vez más de 10, tal vez menos, la solidaridad tomó forma de mediagua. La mediagua comenzó a teñirlo todo. Ser voluntario era construir mediaguas. Se formaban cuadrillas de cinco jóvenes con espíritu de servicio y se iba a alguna localidad para “hacer el bien”. A veces muchas cuadrillas, a veces papás con sus hijos; universitarios; adultos, familias. Todos a construir mediaguas. El espíritu solidario de Chile adoptó la forma de una pequeña habitación de 3 X 6 donde difícilmente una familia puede vivir. Como dijimos, el espíritu de servicio está. No cabe duda. Ha quedado demostrado que la juventud es tremendamente servicial, disponible y esforzada. Que nadie diga lo contrario: los jóvenes están y quieren ayudar, quieren servir. Sin embargo, ¿qué les ofrecemos? Queremos ser solidarios, pero no basta con la intención. No basta con juntar a 140 jóvenes y construir 20 mediaguas cada fin de semana. ¿Quiénes son los que reconstruyen Chile? ¿Jóvenes con gran corazón que en su vida han tomado un martillo? ¿Quiénes se suman a esta carrera? Universitarios entregados sin chuzos ni palas. Grupos de amigos que se sienten tranquilos al ver levantados los 6 paneles de la solidaridad pos-terremoto. Claro que esto es insuficiente. Caminamos por localidades rurales y vemos mediaguas sin terminar. Vemos municipalidades pequeñas colapsadas y nos encontramos con la urgencia de la meta –¡la carrera! Escogimos eficacia y no calidad. Elegimos eficiencia y no durabilidad. Nos encantamos con los números desbordantes de la solidaridad, teletones, bingos, rifas, plata, plata y más plata (donde plata es igual a mediaguas, mediaguas y más mediaguas). Paneles y paneles llenando calles esperando por ser levantados en algún terreno, para alguna familia. ¿Por qué no dejamos que trabajen quienes saben realmente? ¿Por qué Chile no deja que verdaderos maestros levanten habitaciones dignas y mejores para nuestros hermanos que necesitan de verdad algo para vivir, para resguardarse del frío que viene, de las lluvias que esperan? Los grandes empresarios están muy preocupados por sus edificios más altos, por sus oficinas más grandes y modernas, por sus casas de veraneo más bonitas y cómodas, ¡Que dejen a los maestros, carpinteros, albañiles, constructores, expertos en terrenos, geomensores, urbanistas, pintores, ellos reconstruir al Chile dolido! Con la solidaridad no se juega, señores. Es justicia. Dejemos de repartir mediaguas y ampliemos nuestro espectro de ayuda. Llevemos música, arte, alegría, sonrisas, educación, salud, esperanza, oportunidades reales, becas de estudio, electricidad, agua caliente, juegos para niños; llevemos encuentro y amor, además de viviendas dignas, bellas y verdaderamente humanas. Nadie deja a su hijo pequeño que perdió un diente en manos de un joven aspirante a odontología.

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