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Rescatar lo femenino, una tarea de todos.

* Por Velia García Valenzuela

A unos días de conmemorar el día de la mujer, hace bien preguntarse qué más que una lucha o confrontación de género, debiéramos hablar de una integración y conmemoración de ambas partes, pues tanto lo femenino, como lo masculino son importantes para nuestro desarrollo y potencial “humano”.

Si bien nosotros, nacemos con un cierto sexo, esta característica biológica de los cuerpos no nos convierte automáticamente en mujeres o hombres, también “aprendemos” a serlo, ya que es una construcción atravesada por procesos culturales y sociales. Esta diferencia es muchas veces confusa, ya que normalmente ligamos la condición de ser mujer a comportamientos exclusivamente  femeninos y a ser hombre con comportamientos exclusivamente masculinos, de hecho si algún hombre o mujer tiene comportamientos contrarios a lo que se suele adjudicar a su sexo suele criminalizarse, pero la naturaleza humana no es tan limitada al sexo que nos haya tocado ser, somos mucho más e inevitablemente necesitamos del opuesto para integrarnos y auto-completarnos.


Carl Jung, psiquiatra suizo (1875-1961), hablaba de los arquetipos, entre los cuales estaría la energía femenina y masculina que hay en cada uno, ánima y animus, respectivamente, que coincide a lo que en la cultura taoísta era conocido como yin-yang, definidas como dos fuerzas o energías antagónicas, sin embargo complementarias, lo que no hay que olvidar, ambas energías necesitan de la otra para generarse a sí mismo. En palabras sencillas, podríamos afirmar que son los dos polos de la misma unidad.

Hoy en día, más allá del género, de los roles y etiquetas que tengamos, hemos visto la imperancia de nuestra época que ha dado más importancia al “hacer sobre el ser”, la “razón sobre el sentir”, lo que ha traído consigo una desensibilización y desestabilización mayor, desconectándonos con nuestra verdadera esencia que abraza con amor nuestra totalidad en -común unión- con los opuestos. He ahí lo importante de reivindicar el ser, el sentir, a modo de “darse el tiempo” de conexión consigo mismo, con los otros, con los ciclos naturales de la naturaleza que pertenecen a nuestra propia manifestación de lo femenino, todo ello para equilibrarnos y armonizar nuestro “hacer”.  No se trata de “parar el mundo” o nuestro quehacer, sino de darse tiempo -previo al hacer, a la acción- a escucharse, tiempo que nos permita escuchar los propios ritmos biológicos, humanos que nacen desde nuestro propio centro vital y emocional, que hoy conocemos como la “sabiduría del corazón”.


En la actualidad, existen muchos caminos que nos llevan a reconectar con esa sabiduría intrínseca del ser humano, Biodanza, para mí es uno de ellos. Necesitamos de esos “espacios de humanización” que nos lleven a conectar con nosotros mismos, a abrazar al gran misterio, con fascinación, con amor, a reconocer el valor sagrado que cada uno es, desde un amor sano, completo que integra equilibradamente y dinámicamente lo femenino y masculino, celebrando así la “totalidad de la creación”.

Nuestro gran llamado, para todos/as, es alcanzar el “matrimonio interior”, donde los opuestos se unen, diluyendo la dualidad y la contrariedad, lo que nos permitirá construir y mantener “relaciones sanas y duraderas” con los demás. Pues “si estoy completo/a, no será preciso demandar al otro u otra, por lo que en realidad, es mi propia carencia. Solo en esa instancia, cada uno de nosotros disfrutará completamente de la presencia de ese otro”.


Debemos como mujeres posibilitar la creación de un nuevo concepto de feminidad, que permita a los hombres experimentar esta cualidad de forma más natural, lo que debe ser (a nivel social) un concepto abierto y cambiante, que no nos esclavice en roles y adjetivos a las mujeres, ni las coloque en un estrato inferior. La feminidad, para mí, posibilita un espectro emocional más amplio, que implica capacidades como receptividad, creatividad y regeneración, valores que deben ser más apreciados y valorados en nuestra sociedad para que como mujeres no tengamos que castrar nuestra feminidad para poder ser respetadas y valoradas como individuos de derecho, así mismo también los hombres puedan experimentar estos aspectos sin ser estigmatizados como débiles.

Ambos, hombres y mujeres, necesitamos integrar los polos (femenino y masculino) en nuestra expresión del ser, pues solo así lograremos que nuestro pensar, sentir y actuar, vayan a un mismo sentido, y den “sentido” a nuestro propio quehacer o forma de estar en el mundo, amando lo que hacemos y somos. Haciéndonos así, portadores y creadores de más vida.

* Velia García Valenzuela es Facilitadora de Biodanza SRT, Arteterapeuta y Arquitecta.

(mail contacto: biodanzastgo@gmail.com)

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