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RONALDO MUÑOZ

Un teólogo monotemático y marginal

Enrique Moreno Laval

Alguna vez escuché esta crítica (aunque cariñosamente dicha): «Ronaldo Muñoz se ha puesto cada vez más monotemático». Es decir una persona, y en este caso un teólogo, que insiste sobre un solo tema o que habla siempre de lo mismo. Como si no hubiera «otros» temas. A algunos, esta insistencia los cansaba. Quién sabe si alguno llegó a pensar en aquello que los atenienses le dijeron al apóstol Pablo: «En otra ocasión te escucharemos sobre este asunto». Pero, en definitiva, ¿cuál era el asunto de Ronaldo? Hablar machaconamente de Dios, el Padre de Jesús, y de su Proyecto del Reino que privilegia a los pobres y a los pequeños. Esto, a veces cansaba. Según parece.

Pero, reconozcámoslo sinceramente, si esto alguna vez nos cansaba no era sólo por ese carácter puntilloso y meticuloso casi hasta la obsesión de Ronaldo, sino también por nuestra propia limitación para entender de una vez por todas dónde está lo esencial de nuestra fe cristiana. La verdad es que somos excesivamente «politemáticos», tenemos demasiados temas en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Tantos, que vivimos a menudos distraídos, dispersos, descentrados de aquello que debería ser nuestro único centro. Vivimos enredados en temas subalternos, absorbidos por asuntos que no tienen importancia y que deberían permanecer siempre subordinados a lo único importante: Jesús, el Padre de Jesús y de los pobres, su Proyecto.

Qué bueno – pienso – que Dios puso en medio de nosotros, como una bendición suya, a este querido hermano nuestro Ronaldo, como un teólogo monotemático, que nos interpelara continuamente acerca de nuestros habituales temas y nos recordara (nos exigiera) poner la vida entera en el único tema necesario.

Pero quienes conocimos de cerca a Ronaldo, e incluso convivimos y compartimos con él, sabemos bien que Dios era para él mucho más que un tema. El «tema Dios» era en la vida de Ronaldo convicción profunda, verdad pura, coherencia total, un asunto de «práctica correcta» (ortopraxis) más que de «doctrina correcta» (ortodoxia). Por eso, Dios tuvo en su vida «una actualidad histórica aguda y apremiante». Es una expresión suya.

Es comprensible entonces que además haya pasado gran parte de su vida como un teólogo marginal. «No hubo lugar para él en cierta facultad católica», aludió Pablo Fontaine discretamente en la homilía de su funeral. Es que el «tema Dios», cuando se sacan de él todas las consecuencias, es simplemente un tema subversivo. Un asunto que debe ser tratado con la mayor precaución para que no moleste, no incomode, no provoque demasiadas inquietudes. Pero no fue así, y lo sabemos bien, para aquellos creyentes en Jesús que se sitúan al margen de los poderes de este mundo. Ronaldo fue marginal con los marginados.

Entre tantos mensajes recibidos en estos días, destaco un par de frases que me han resonado especialmente: «Ronaldo que estás en los cielos» – «Que Dios se encargue de reponer en la Congregación esta gran pérdida». Amén.

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