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Violencia y exclusión

Por Pascual Cortés / Gonzalo García Campo (*)

El “problema” de la violencia se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en uno de los más visibles para la sociedad chilena. Empujado por los medios, se instala un discurso que alerta sobre la inseguridad con que se vive en Chile y la violencia parece ser el nuevo fantasma que recorre la ciudad. Traducido en “caceroleos” que adquirieron notoriedad en las comunas más seguras de Santiago, o en la movilización de los dueños de camiones, que llegaron hasta la Moneda, se ha convertido éste en el tema predilecto de los medios de comunicación de masas, especialmente de los canales de televisión.

Con todo ello, el tema se ha posicionado como una de las preocupaciones más importantes de la ciudadanía. Pero, lamentablemente, no ha sido una ocasión para reflexionar profunda y responsablemente sobre la violencia invisible que se vive en muchos sectores vulnerados.

El Comité de Defensa y Promoción de Derechos Humanos de La Legua (del que ambos autores somos integrantes) ha venido enfrentando desde hace años, impulsado por un grupo de pobladores, la violencia policial sistemática que afecta a los y las habitantes de la antedicha población. Los antecedentes recopilados por el Comité y, también, por el poblador y profesor Paulo Álvarez Bravo, permiten afirmar que en La Legua existe un patrón de violencia policial cuyo origen puede remontarse al año 2001, con el comienzo de una intervención estatal tan efectista como inefectiva.


El pasado 23 de agosto un hecho de inusitada violencia afectó a una familia que vive en la calle Álvaro Sánchez Pinzón, ubicada en el corazón de Legua Emergencia. Ese día, ocho funcionarios de Carabineros ingresaron al hogar, rompiendo violentamente la puerta principal. Una vez adentro, intentaron detener al dueño de casa -a quien, dormido en un sillón, aprehendieron entre cuatro funcionarios-, insultaron a las mujeres presentes y actuaron con una constante violencia. Cuando el asunto fue creciendo en tensión e intensidad, pues muchos vecinos habían llegado a la casa a ver qué pasaba, los carabineros presentes reaccionaron disparando balas de salva y lanzando dos bombas lacrimógenas, una de las cuales fue deliberadamente lanzada hacia el interior del inmueble, donde se encontraban un niño y una niña.

Con el objeto de visibilizar esta situación y de obtener un pronunciamiento claro de los tribunales de la república, el Comité ha interpuesto un recurso de amparo, que se encuentra radicado en la Corte de Apelaciones de San Miguel y debiese resolverse dentro de la próxima semana.


Este hecho es uno de los tantos que los pobladores y pobladoras de La Legua se han acostumbrado a enfrentar, naturalizando incluso la violencia con que son tratados por Carabineros. Si bien los niveles de violencia que muestra este caso son mayores a los que se suelen ver, su ocurrencia no se explica si no es por la existencia del patrón sistemático de violencia que asola a la población. Este patrón se sostiene, en parte, porque se trata de una situación invisible, que no es cubierta en los medios y que sigue siendo desconocida para gran parte de la población. La invisibilización favorece, así, la impunidad con que actúan los funcionarios de Carabineros, lo cual termina por constituir un círculo vicioso, en el cual la ocurrencia de hechos de violencia pavimenta el camino para que éstos sigan ocurriendo.

El verdadero rostro de la violencia lo sufren, una vez más, los pobres. Si éste ha de ser un “tema país”, como lo tildan los medios, ha de serlo porque es un flagelo que golpea la vida de las mayorías excluidas que no tienen cómo visibilizar su demanda. Ahí sí la violencia deviene en un problema urgente y grave.

(*) Abogados Universidad de Chile / Miembros del Comité de Defensa y Promoción de Derechos Humanos de la Legua

Más información de este caso la puedes encontrar en https://ddhhlalegua.wordpress.com/

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