Especial Aniversario: Casa Padre Esteban Gumucio celebra 15 años de acogida
La obra de la Fundación Damián de Molokai conmemoró su decimoquinto aniversario junto a voluntarios, trabajadores y albergados, reafirmando su compromiso con el acompañamiento integral de personas en situación de calle y la promoción de su reinserción social.
Ahora tengo trabajo, estoy trabajando, hago mecánica de autos. Yo soy tornero e igual aprendí mecánica... Y ahora me ha ido bien El testimonio de Adolfo, residente de la Casa Padre Esteban Gumucio, refleja el propósito que ha guiado durante quince años a esta obra de acogida: ofrecer nuevas oportunidades a personas que han enfrentado situaciones de vulnerabilidad y exclusión.
La fundación celebró anoche su decimoquinto aniversario en una jornada marcada por la gratitud, el encuentro y la esperanza. Voluntarios, trabajadores y albergados compartieron una velada que permitió recordar el camino recorrido y renovar el compromiso con quienes encuentran en este espacio no solo un lugar donde resguardarse, sino también una comunidad donde reconstruir sus proyectos de vida.
La celebración estuvo acompañada por música en vivo, entrega de regalos para la fundación y una cena preparada especialmente por los voluntarios y monitores. Más allá de las actividades, la instancia estuvo marcada por un ambiente de fraternidad que reflejó el espíritu que inspira la labor diaria de la institución.
Voces que construyen comunidad
La ceremonia también permitió reconocer a quienes han sido parte del crecimiento de la obra durante estos quince años. Entre conversaciones, recuerdos y muestras de afecto, los asistentes destacaron el valor de una iniciativa que ha logrado consolidarse como un espacio de acogida para personas que enfrentan situaciones de alta vulnerabilidad, manteniendo vivo un espíritu de servicio inspirado en la cercanía y el respeto por cada persona.
Para quienes trabajan en la fundación, la experiencia de acompañar a las personas en situación de calle también se convierte en una oportunidad de crecimiento personal.
Esta es una labor súper bonita, una labor que te llena el alma. En lo personal, yo llegué acá de la nada, venía de otro tipo de trabajos, y vine a conocer a esta gente con sus propias necesidades. Llegué a quererlas a cada una. La labor es imprescindible, la gente necesita de la compañía, de la comida calientita... y no solo ellos, sino la gente de la calle, la gente que viene al comedor social que necesita de repente solamente un 'buen provecho'. Y eso a ellos los llena por completo, destacó Maritza, monitora vespertina de la fundación.
Maritza relata además cómo la convivencia diaria con los albergados impulsó su vocación social, encontrándose hoy ad portas de titularse como Técnica en Trabajo Social:
Esto es un crecimiento personal, un crecimiento del corazón. Todo se lo debo a ellos, de verdad, porque yo estudio y ellos me acompañan. Yo creo que más de lo que ellos ganan, es lo que uno gana como persona, puntualizó visiblemente emocionada.
Historias de resiliencia y nuevas oportunidades
La experiencia de Adolfo es una de las muchas historias que han pasado por la Casa Padre Esteban Gumucio durante estos quince años.
Llegué acá el 2024. Tuve una fractura craneal, me mandaron a hacer reposo absoluto... Un hermano me fue a buscar y me dijo que me fuera a la casa para poder estar tranquilo. A todo eso, me dijeron que no iba a tener secuelas con el tiempo, pero como al año tuve unos mareos. Gracias a Dios no he tenido más problemas; ahora tengo trabajo, estoy trabajando, hago mecánica de autos. Yo soy tornero e igual aprendí mecánica... Y ahora me ha ido bien, relató el residente, evidenciando el proceso de recuperación y reinserción que ha vivido.
A lo largo de estos quince años, la Casa Padre Esteban Gumucio ha consolidado un modelo de acompañamiento que va más allá de ofrecer alojamiento temporal. Su labor busca devolver la dignidad, fortalecer la autonomía y generar las redes de apoyo necesarias para que las personas puedan reinsertarse laboral y socialmente.
La celebración de este nuevo aniversario permitió poner rostro a esa misión. Detrás de cada plato servido, cada conversación compartida y cada gesto de acogida, hay historias que muestran cómo la esperanza puede abrirse camino incluso en medio de las circunstancias más difíciles.
El trabajo de la Casa Padre Esteban Gumucio se sostiene gracias a una red de colaboradores, voluntarios y profesionales que acompañan diariamente a los residentes en distintos ámbitos de su vida. La atención no se limita a cubrir necesidades básicas, sino que busca generar vínculos de confianza y apoyo que permitan a cada persona avanzar en sus procesos de recuperación, autonomía e integración social.
La continuidad de esta labor depende en gran medida del compromiso de quienes deciden colaborar con la fundación. A través del voluntariado, las donaciones (dona aquí) y el aporte de socios permanentes, es posible sostener una obra que durante quince años ha entregado acogida, acompañamiento y nuevas oportunidades a personas en situación de calle. Desde la institución (revisa su instagram) hicieron un llamado a quienes deseen sumarse a esta misión, recordando que cada aporte contribuye a mantener vivo un espacio donde la dignidad y la esperanza encuentran un hogar.


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