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Hermano todos los días

El Padre Esteban acompañó incansablemente a la gente. Se dio tiempo para visitarles en las casas, para detenerse a conversar en las calles, para visitarles en los hospitales. Siempre estaba disponible para responder a las necesidades de quien lo buscaba.
Tenía una gran capacidad de escucha. Las personas que conversaban con él decían que era como si no tuviera nada más que hacer, que les hacía sentir importantes. Empatizaba con sus dolores, sus alegrías, sus frustraciones, sus sueños.
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