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Lo que me encanta de esos corazones sencillos es que no se espantan de las flaquezas de los demás; buscan a Dios en forma serena, sin identificarlo con las leyes, preceptos y ritos.

A través de largos años, he aprendido a "escuchar" y a animar a otros. Es una tarea para la cual la ancianidad puede ser muy servicial. Hay pequeños servicios de comunidad, que van desde El uso de la escoba hasta la hospitalidad con las visitas.
Estamos jugando los descuentos de un partido que, si queremos, culmina con la victoria del Señor. No me considero un Zamorano o un Salas de Dios, pero sí creo que El me tiene como jugador de esta selección. Yo no lo elegí a Él, sino que Él me eligió a mí. Me siento feliz de correr y poder dar mi aporte.

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